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La guerra del cine: Entre la sopa boba y la sopa lista.

diciembre 19, 2011

La pelea entre internautas y gente de cine ya cansa. Más allá de razones y lógicas de unas partes y otras, más allá de que muchos de esos internautas sean también gente de cine y mucha de esa gente de cine navegue por los unos y ceros como auténticos piratas (de los de antes y de los de ahora), más allá de todo esto, la realidad es que el público está cansado de este diálogo de besugos.

La última escaramuza de esta guerra absurda en los medios empieza con unas declaraciones de varias personalidades del audiovisual, protestando porque el gobierno saliente ha paralizado su querida Ley Sinde, continúa con una pataleta equivalente de algunos defensores del internauta que proponen, entre otras cosas, que no vayamos a ver más cine español, y termina, como siempre, con el bostezo molesto y aburrido de la mayoría de los testigos de esta pelea.

El corrillo que rodea a los dos matones de turno dándose una paliza en el patio del colegio se disuelve hastiado de tanto teatro, de tanta fanfarronada improductiva y de tanto discurso en el desierto. Esta “revolución digital” que se ha convertido en un hueso que le está costando digerir al sector de la cultura y que a la vez ha servido de púlpito a nuevos predicadores de la modernidad, se vive de un modo natural entre los ciudadanos de a pie, ni van a conseguir que se sientan bucaneros de la propiedad intelectual, ni que se sientan abanderados de la libertad por descargarse una película, una serie, un libro o un videojuego.

En esta guerra hemos pasado de los argumentos de la “sopa boba”, que esgrimen los (muchos) que desconocen el mundo de la producción audiovisual al que acusan de chupar de la teta de las subvenciones, a la “sopa lista”, la ley que quiere sacar adelante el Congreso de los Estados Unidos y que les permitiría cerrar sin ningún tipo de control judicial aquellas páginas que consideren que albergan o facilitan el acceso a contenido pirateado.

Una ley que literalmente han llamado SOPA (Stopping Online Piracy Act), con la que esperan proteger los derechos de copyright norteamericanos contra las páginas nacionales o extranjeras que roban y explotan sus contenidos, y que levanta ampollas en casi todo el mundo. Una notable excepción es la industria audiovisual americana, que se ha gastado 91 millones de dólares de Hollywood en convencer (lobbying lo llaman ellos) a sus congresistas para aprobar esta ley.

La SOPA propone que los operadores de Internet hagan una labor de vigilancia y espionaje sobre sus clientes, para que la administración decida qué páginas web se cierran y cuales no. Es una ley que ataca al sistema de DNS (Domain Name System) en el que se basa el funcionamiento de Internet, que vincula la información en la web a distintos dominios y además, de un plumazo, legitima la censura en Internet que ejercen sobre sus ciudadanos países como China e Irán.

Desde las principales empresas de Internet se está haciendo una labor para informar al congreso, antes de que tomen una decisión, de su opinión sobre esta ley. Incluso desde grupos, empresas y agencias relacionadas y no relacionadas con Internet de todo el mundobueno, de casi todo, porque entre los firmantes curiosamente no aparece nadie de España, creo– se presiona para que esta ley no se apruebe.

La mayoría de las descargas infringen las leyes de propiedad intelectual, si. A un creador de un producto cultural va a ser difícil argumentarle que mucha gente va a disfrutar su obra sin que vea ningún beneficio, que debería consolarle saber que nunca tanta gente ha tenido acceso a la cultura y que ninguna obra suya habría sido tan reconocida si se hubiese mantenido en los cauces de distribución tradicionales.

También se argumenta, y es cierto, que esa “distribución tradicional” es una intermediaria entre su creación y su público, que sin crear un valor añadido real  se está quedando con la mayor parte del pastel. Pero bueno, es mejor una migaja del pastel que nada de pastel, verdad?

Me gustaría ser más constructivo, pero a estas alturas de la película creo que lo mejor es dejar constancia del cansancio y del aburrimiento que esta pelea, que puede parecer muy importante para unos pocos, es sobretodo muy, muy, muy aburrida para la mayoría de los españoles y muy, muy, muy contraproducente para –al menos– una de las partes en conflicto.

Cada vez somos más los que pensamos que entre la “sopa boba” y la “sopa lista” debería haber un punto de acuerdo, pero para eso, para crear una situación proclive al diálogo, por contradictorio que parezca, primero hay que callarse.

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